En los últimos años, hemos sido testigos de una tragedia ecológica que parece no tener fin. Los incendios forestales que azotan la Amazonía, la Chiquitanía, el Gran Chaco y el Pantanal en Bolivia, no solo han devastado extensas áreas de bosque, sino que también han puesto en riesgo la biodiversidad única de estas regiones, alcanzado niveles alarmantes y convirtiéndose en un tema de preocupación global; afectando también, severamente, a las comunidades y pueblos indígenas que dependen de estos ecosistemas.