Hace unos meses, El Chajá publicó un artículo con este mismo título, en el que intenté ilustrar la manera en la que el río Pilcomayo influye directa o indirectamente tanto en la vida de quienes habitan sus riberas como en la de personas que nunca lo han visitado. Invito a quien esté leyendo este artículo a que, al finalizar, visite el anterior a través de un enlace que dejaré al final, para comprender plenamente la magnitud y relevancia de los hechos que relataré a continuación.
No quisiera arruinar el final de aquel artículo, solo diré que, a raíz de lo ocurrido el 27 de noviembre de 2024, una serie de eventos condujeron a que el pasado 30 de abril, muchos de los asistentes de entonces nos volviéramos a encontrar en Villa Montes. Esta vez, además de la participación de los pueblos indígenas del Pilcomayo, contamos con representantes de otras asociaciones que viven y desarrollan sus actividades en la región. También hubo una diferencia fundamental: más allá de compartir inquietudes, esta vez se presentó una propuesta concreta, de la cual hablaré más adelante.
Entre el último trimestre de 2024 y el primero de 2025, varios hechos pusieron de manifiesto la urgente necesidad de tomar medidas de conservación en torno al Pilcomayo. En octubre, se produjo el fenómeno conocido como la “borrachera” del río, que causó la muerte de miles de peces debido a la hipoxia generada por el súbito arrastre de sedimentos y lodo. Luego, en marzo, las intensas y prolongadas lluvias provocaron el desborde del río, desplazando comunidades, afectando medios de vida y motivando la declaración de desastre municipal.
Paralelamente, durante los últimos meses se venía elaborando una Propuesta de Ley Departamental para la creación del “Corredor del Pilcomayo”, orientada a conservar las riberas del río, disminuir las presiones sobre el bosque, proteger los medios de vida que se desarrollan en él y visibilizar las múltiples amenazas que enfrenta la cuenca.
Durante nuestras visitas a la región en el proceso de la elaboración de la Propuesta de Ley, diversos sectores manifestaron su preocupación por el aumento de áreas deforestadas y/o defaunadas, consecuencia de prácticas no reguladas de desmonte y caza. Algo similar ocurrió cuando se iniciaron las actividades de pesca a finales de abril, momento en el que los pescadores mostraban inquietud por el tamaño de los peces y la constante disminución de los volúmenes capturados en los últimos años.
Ante esta situación, no resulta sorprendente que ese 30 de abril convocara a tantas voces provenientes de distintos sectores preocupados por la situación del Pilcomayo. Ante la visita de miembros de Pew y Nativa, los representantes de las asociaciones de ganaderos y de apicultores, junto con los pueblos indígenas y las plataformas ambiental y turística de Villa Montes, participaron en un espacio de discusión de la problemática y, aunque sus visiones muchas veces se encuentran en conflicto por sus diferentes realidades, medios productivos y/o amenazas, pudieron dejar de lado estas diferencias enfocándose en un objetivo común: visibilizar y afrontar las problemáticas presentes en la cuenca del Pilcomayo.
“El Pilcomayo es de todos” adquiere un nuevo significado en este escenario. No solo expresa que lo que ocurre con el río impacta a múltiples grupos y actividades humanas, sino que esta reunión demostró cómo el río puede convertirse en un punto de encuentro. Un espacio donde diversos sectores pueden dialogar, compartir sus visiones y, a partir de ellas, respaldar la propuesta de conservación del corredor del Pilcomayo. En este sentido, también podríamos llegar a una nueva conclusión: “Todos somos del Pilcomayo”.