En el corazón del Chaco, Napichán empieza a florecer. Este espacio, concebido como un centro de innovación y prácticas para el desarrollo sostenible, da hoy un paso importante con la primera cosecha de miel producida en su apiario piloto.
Para NATIVA, Napichán representa mucho más que un área de conservación: es un laboratorio vivo donde se ponen en práctica iniciativas que buscan armonizar la producción con la naturaleza, generando alternativas de vida dignas y sostenibles para las familias chaqueñas.
Desde hace años, NATIVA impulsa la apicultura resiliente como una respuesta concreta frente a la crisis climática. Lo que comenzó en el Chaco tarijeño se ha expandido a los valles y la región subandina de Tarija, fortaleciendo asociaciones y procesos productivos que hoy posicionan a la institución como un referente nacional en el desarrollo apícola sostenible.
En Napichán, se cuenta actualmente con 13 colmenas, de las cuales 12 están en plena producción y una se encuentra en recuperación tras un ataque de oso melero. La primera cosecha parcial, realizada en nueve colmenas (cinco cuadros por colmena), alcanzó un rendimiento aproximado de 75 kilos de miel, y se estima que, en noviembre, si las condiciones acompañan, se llegará a 160 kilos en total.
Esta miel multifloral del Chaco serrano, de color ámbar dorado y bajo porcentaje de humedad (15–17%), refleja la riqueza del bosque nativo donde las abejas liban el néctar de especies como el churqui blanco y el caspi zapallo. Su sabor y aroma guardan la esencia de este territorio: fuerte, generoso y profundamente natural.
Cada gota de esta primera miel encierra una historia de trabajo, aprendizaje y esperanza. En Napichán, la apicultura se convierte en una práctica de conservación activa, una forma concreta de demostrar que el futuro del Chaco puede construirse desde la sostenibilidad, la cooperación y el respeto por la tierra.