La conexión territorial entre el PN ANMI Kaa Iya del Gran Chaco y el Área de Conservación e Importancia Ecológica Ñembi Guasu da lugar a uno de los bloques de conservación más grandes del Gran Chaco. En conjunto, ambos territorios conforman casi cinco millones de hectáreas de bosque seco tropical interconectado, un paisaje continuo que permite mantener procesos ecológicos esenciales como el movimiento de la fauna, la conectividad genética y la funcionalidad ecológica del ecosistema.
Este amplio paisaje cumple además un rol estratégico para la conservación de especies emblemáticas. El territorio que integran Ñembi Guasu y el PN ANMI Kaa Iya funciona como uno de los principales refugios del jaguar en el sur del continente, una especie clave para el equilibrio ecológico del bosque chaqueño. La presencia del jaguar es también un indicador del buen estado de conservación del ecosistema y de la existencia de extensos territorios continuos capaces de sostener poblaciones viables de grandes mamíferos.
Sin embargo, este paisaje enfrenta presiones crecientes. Los incendios forestales, la deforestación, la caza ilegal y la expansión de asentamientos humanos representan amenazas permanentes para la integridad del bosque chaqueño. Estas presiones no solo afectan a la biodiversidad, sino también a pueblos indígenas que habitan el territorio, entre ellos, grupos ayoreos en situación de aislamiento voluntario, cuya presencia se registra en el sureste del país dentro del corredor ecológico que conecta el PN ANMI Kaa Iya del Gran Chaco, Ñembi Guasu y el Parque Nacional Otuquis.
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Frente a este escenario, la conservación del territorio ha sido posible gracias a un trabajo articulado entre distintos actores. La coordinación entre áreas protegidas nacionales, territorios indígenas de conservación, organizaciones sociales, fundaciones, organizaciones no gubernamentales y sociedad civil ha permitido fortalecer la protección de este ecosistema frente a presiones externas.
De igual manera, la cooperación entre guardaparques y guardianes del monte ha fortalecido las acciones de control y vigilancia. Los patrullajes coordinados, el intercambio de experiencias y la articulación institucional permiten mejorar el control territorial y responder de manera más efectiva a las amenazas.
En este trabajo conjunto también se incluyen sitios estratégicos, como Yande Yari, en la zona de los Bañados del Isoso. Estos lugares cumplen un papel clave en la gestión del territorio, fortalecen la conectividad ecológica del paisaje y ayudan a proteger al PN ANMI Kaa Iya frente a amenazas cada vez mayores.
La experiencia en esta región demuestra que la conservación efectiva nace de las alianzas territoriales y de la gestión compartida del paisaje. Más que trabajar en áreas aisladas, la conservación del Chaco requiere pensar y gestionar paisajes completos como la Iniciativa Gran Paisaje Chaco – Pantanal, donde la cooperación entre instituciones, comunidades y áreas protegidas permite sostener la biodiversidad y fortalecer la gobernanza del territorio.
El Chaco sudamericano aún conserva grandes paisajes relativamente intactos, algo cada vez más escaso a escala global. Proteger hoy estos territorios interconectados es clave no solo para preservar la biodiversidad, sino también para asegurar el futuro de los pueblos que habitan el bosque y dependen de él.