Cerca de 100 representantes de 50 instituciones de Bolivia, Brasil y Paraguay aprobaron por consenso una agenda de intenciones que propone protocolos comunes, sistemas de alerta temprana y mecanismos de asistencia mutua frente al fuego.
Un incendio iniciado en la región de Forte Coimbra, en Corumbá, Brasil, atravesó recientemente la frontera e ingresó al Parque Nacional y Área Natural de Manejo Integrado Otuquis, en el Pantanal boliviano.
La emergencia movilizó a 60 efectivos en territorio nacional, además de vehículos, maquinaria y herramientas especializadas, mientras los equipos brasileños enfrentaban el mismo incendio al otro lado de la frontera. El fuego fue declarado extinguido el 23 de julio.
“Sufrimos un incendio en Otuquis y tuvimos que coordinar el trabajo con Brasil para sofocarlo”, recordó Marisol Yaveta, secretaria de Desarrollo Sostenible y Medio Ambiente del Gobierno Autónomo Departamental de Santa Cruz.
El episodio demostró que el carácter transfronterizo de los incendios no es una posibilidad futura ni una discusión únicamente técnica. El fuego puede avanzar entre países y ecosistemas compartidos mucho más rápido que los procedimientos institucionales necesarios para movilizar personal, intercambiar información o prestar ayuda.
En ese contexto se desarrolló, el 28 de julio, el Encuentro Transfronterizo: Manejo Integral del Fuego sin Fronteras, en el Centro de Educación Ambiental del Gobierno Autónomo Departamental de Santa Cruz.
La actividad reunió a 98 personas de 19 instituciones públicas, organizaciones ambientales, entidades técnicas y representaciones de Bolivia, Brasil y Paraguay. Fue organizada por el Gobierno Autónomo Departamental de Santa Cruz, mediante la Secretaría de Desarrollo Sostenible y Medio Ambiente y la Dirección de Recursos Naturales —DIRENA—, con NATIVA como coorganizadora y el apoyo de la Unión Europea, Re:wild y Freyja Foundation.
Participaron representantes de los ministerios de Planificación del Desarrollo y Medio Ambiente, y de Desarrollo Productivo, Rural y Agua; la Unidad Militar de Emergencia y Ecología —UMEE—; el Consulado de Bolivia en Cáceres, Brasil; SOS Wildfire; organizaciones de conservación, áreas protegidas y entidades que trabajan en prevención, monitoreo y atención de incendios.
Más que una reunión aislada, el encuentro buscó reforzar una plataforma multiactor en la que las instituciones pudieran identificar dónde trabajan, qué capacidades poseen, qué acciones realizan y cuáles son los vacíos que necesitan atención.
Durante la jornada se compartieron experiencias y se organizaron mesas sobre los componentes institucional, ambiental, social y económico de la Política Departamental de Manejo Integral del Fuego.
Como resultado, las instituciones aprobaron por consenso una Agenda de intenciones para la Cooperación Transfronteriza en la Gestión Integral del Fuego, suscrita por representantes de las entidades participantes.
El documento propone fortalecer la coordinación entre gobiernos subnacionales, desarrollar protocolos regionales, compartir información de monitoreo y alerta temprana, armonizar terminología y códigos operativos, capacitar a los equipos de respuesta, gestionar recursos y construir una agenda conjunta entre Bolivia, Brasil y Paraguay.
También plantea consolidar el Grupo Fuego dentro de la Zona de Integración del Centro Oeste de América del Sur —ZICOSUR—, como un espacio permanente de coordinación política y técnica.
“Queremos articular acciones para prevenir y evitar catástrofes trinacionales y transfronterizas. Articularnos y conocernos entre vecinos permite que actuemos oportunamente, antes de que un incendio pueda convertirse en una catástrofe”, señaló Indiana Ascarrunz, directora de DIRENA e impulsora del documento.
La agenda constituye una primera ruta de cooperación, pero no reemplaza los convenios, protocolos operativos ni decisiones presupuestarias que deberán aprobarse posteriormente para llevar sus planteamientos al territorio.
El Chaco-Pantanal también arde
Cuando se habla de incendios en Sudamérica, gran parte de la atención suele concentrarse en la Amazonía. Sin embargo, el Gran Paisaje Chaco-Pantanal también contiene extensos bosques, humedales, fuentes de agua, biodiversidad, territorios indígenas y comunidades que se encuentran expuestos al fuego.
Este paisaje representa una oportunidad para mantener la conectividad entre áreas de conservación como Kaa-Iya, Ñembi Guasu, Otuquis y las reservas ubicadas en Paraguay y Brasil. Pero esa misma continuidad ecológica también implica que los incendios pueden propagarse entre territorios y cruzar límites nacionales.
Zonas como San Matías, Otuquis y Ñembi Guasu se encuentran entre los sitios expuestos a incendios forestales y, en algunos casos, a eventos originados o extendidos desde países vecinos. Estos espacios no son islas: mantienen relaciones ecológicas con el Chaco paraguayo, el Pantanal y los estados brasileños de Mato Grosso y Mato Grosso do Sul.
El carácter compartido del paisaje hace posible que un incendio se inicie en una jurisdicción, avance hacia otra y afecte simultáneamente la biodiversidad, el agua, la calidad del aire y los medios de vida de poblaciones ubicadas en diferentes países.
Paola Paola Bocardo, directora de Bosques de la organización brasileña Onçafari, relacionó esta necesidad de coordinación con las iniciativas de conservación desarrolladas a escala de paisaje.
“Uno de los puntos centrales en iniciativas de conservación a gran escala como Jaguar Rivers es el Manejo Integral del Fuego. Debemos tener una agenda de cooperación trinacional para combatir los incendios de una manera más efectiva en los sectores que compartimos entre Brasil y Bolivia, como la zona de Cáceres”, sostuvo Bocardo.
Jaguar Rivers trabaja en la conectividad de ecosistemas de la cuenca del Paraná entre Brasil, Bolivia, Paraguay y Argentina, un territorio en el que la gestión del fuego es inseparable de la conservación de bosques y corredores ecológicos.
Desde Paraguay, Johana Rodas, oficial de conservación del paisaje Chaco-Pantanal de Guyra Paraguay, explicó que su organización desarrolla desde hace varios años acciones de manejo integral del fuego en zonas fronterizas, incluyendo monitoreo tecnológico
La Reserva Pantanal Paraguayo está ubicada entre el Parque Nacional Otuquis, en Bolivia, y la Reserva Natural Nabileque, en Brasil, lo que convierte a esta región en un ejemplo concreto de la necesidad de coordinar la conservación y la respuesta ante incendios entre los tres países.
Rodas sostuvo que las experiencias acumuladas deben servir para reforzar la articulación entre los Estados y proteger la biodiversidad, las especies amenazadas y los ecosistemas conectados del Chaco y el Pantanal.
El fuego cruza antes que la ayuda
Iván Arnold, director ejecutivo de NATIVA, explicó que un primer nivel de coordinación consiste en conocer qué instituciones trabajan en la región, dónde actúan, qué recursos poseen y qué acciones desarrollan.
Esa información puede ayudar a evitar la duplicación de esfuerzos y, al mismo tiempo, identificar territorios donde todavía existen vacíos de prevención, monitoreo o respuesta.
El siguiente desafío es operativo. Aunque el fuego pueda cruzar una frontera en cuestión de horas, el personal, los vehículos y los equipos de emergencia no pueden pasar automáticamente de un país a otro. Su desplazamiento requiere coordinación institucional y el cumplimiento de procedimientos migratorios, aduaneros y diplomáticos.
“Los bomberos de ambos lados de la frontera deben poder ayudarse fácilmente”, manifestó Arnold.
La agenda de intenciones propone trabajar en protocolos de asistencia mutua que reduzcan las demoras, manteniendo la coordinación entre los Estados y respetando la soberanía y las competencias constitucionales de cada país.
David Pérez Rapu, cónsul de Bolivia en Cáceres, Mato Grosso, señaló que este proceso debe involucrar a los gobiernos departamentales, estaduales y municipales, pero también a las comunidades indígenas y campesinas que habitan las zonas fronterizas.
“Necesitamos convenios transfronterizos que, sin violentar la soberanía, nos permitan actuar de manera conjunta”, afirmó.
Pérez Rapu advirtió que un incendio no solamente pone en riesgo bosques y fauna, sino también vidas humanas, economías locales y el equilibrio de los ecosistemas. Por ello, consideró necesario fortalecer la agenda de coordinación regional impulsada después de los incendios de 2024.
Luis Eduardo, asesor del Ministerio de Planificación del Desarrollo y Medio Ambiente, señaló que el nivel central no siempre puede llegar inmediatamente a los territorios donde se originan los incendios.
En esos casos, explicó, los gobiernos departamentales y otros niveles subnacionales pueden constituirse en una primera línea de coordinación debido a su cercanía con las emergencias.
La propuesta planteada durante el encuentro es impulsar grupos de trabajo entre Santa Cruz; los departamentos paraguayos de Alto Paraguay y Boquerón; y los estados brasileños de Rondônia, Mato Grosso y Mato Grosso do Sul.
También se propuso armonizar terminologías, señales, códigos y procedimientos utilizados por los equipos de respuesta, tomando en cuenta las diferencias institucionales e idiomáticas entre los tres países.
“Podemos generarle una frontera al fuego si generamos las debidas instancias de articulación multinivel, multinacional y multiactor”, afirmó Eduardo.
El asesor remarcó que la Cancillería deberá viabilizar los futuros instrumentos, debido a que la política exterior y las relaciones entre países son competencias del nivel central.
La primera respuesta comienza en el territorio
La cooperación internacional fue uno de los ejes del encuentro, pero la aplicación de la Política Departamental de Manejo Integral del Fuego depende también de las capacidades existentes dentro de Santa Cruz.
Nancy Tito explicó que la política se organiza alrededor de cuatro pilares —institucional, ambiental, social y económico— que vinculan la coordinación y la normativa con la prevención, la participación comunitaria, el fortalecimiento de brigadas y la disponibilidad de recursos.
Las mesas de trabajo identificaron acciones y prioridades que deberán alimentar una hoja de ruta departamental para el periodo 2026–2027.
La gestión territorial también requiere infraestructura próxima a las áreas de riesgo. Uno de los ejemplos presentados es el Centro de Operaciones Ñembi Misi, ubicado a siete kilómetros de Roboré y en el ingreso a Ñembi Guasu.
El centro brinda soporte para el monitoreo, la capacitación, la planificación y las operaciones de prevención y respuesta. Durante las temporadas críticas también puede recibir a guardaparques, bomberos forestales y personal técnico.
En San Matías también se han consolidado Centros Estratégicos de Auxilio en puntos clave del territorio. Estos espacios comunitarios cuentan con herramientas, equipos de protección y recursos básicos para una primera respuesta, reduciendo el tiempo de reacción en lugares donde la llegada de ayuda externa puede demorar varias horas.
La experiencia abre la posibilidad de replicar infraestructuras operativas similares en otros sitios fronterizos de alto riesgo, como Puerto Busch, dentro del Parque Nacional y ANMI Otuquis. En esa zona ya se han realizado procesos binacionales de capacitación, monitoreo y evaluación del manejo del fuego entre Bolivia y Paraguay.
La articulación adquiere mayor urgencia en un año marcado por el fortalecimiento de El Niño. La Organización Meteorológica Mundial y la NOAA señalan que el fenómeno se intensifica y podría mantenerse hasta comienzos de 2027, aunque sus impactos específicos varían entre regiones.
A esta incertidumbre climática se suma una transformación en el comportamiento de los incendios en Santa Cruz. Un análisis de 40 años realizado por la Fundación Amigos de la Naturaleza señala que, en 2024, el 80% de la superficie afectada correspondió a bosques, una señal de transición hacia un régimen de incendios más severo, extenso y dañino para los ecosistemas.
Frente a incendios que alcanzan mayores extensiones, afectan cada vez más áreas boscosas y cruzan límites administrativos, la coordinación no puede comenzar cuando las llamas ya están fuera de control.
La agenda aprobada en Santa Cruz abre una ruta. Su verdadero alcance dependerá de que las instituciones designen puntos focales, aseguren recursos, establezcan canales permanentes de comunicación y conviertan los acuerdos generales en protocolos que puedan activarse antes de que el próximo incendio atraviese nuevamente una frontera.