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COVID-19 CAMBIANDO DE CAMAROTE EN EL TITANIC

Foto: @confeniae1

Nuestra especie se está enfrentando, sin aviso previo ni preparación anticipada, en la mayoría de los casos, a un experimento Global nunca antes visto; y es que ahora mismo más de tres mil millones de personas de ciudades tan importantes como Nueva York, Madrid, Roma, Londres o Buenos Aires, se encuentran paralizadas por la crisis del coronavirus.

CAMBIANDO DE CAMAROTE EN EL TITANIC

El viaje por el mundo que más expectativa ha consignado en el último tiempo, es sin duda la de este microscópico virus, que aparentemente empezó su travesía en el mes de diciembre en un mercado de China donde se comercia animales silvestres; rápidamente fue ganando terreno y cuatro meses después, prácticamente no hay país en la tierra que no esté bajo la influencia de este viajero devenido hoy en pandemia.

Efectivamente, lo particular de esta amenaza, es la rapidez y vehemencia con la que se esparció por el mundo, desnudando de esta manera lo frágiles que somos los humanos, y que, sin duda, no somos para nada el centro del mundo. Adolecemos de grandes carencias, las que nos hacen evidenciar que en pleno siglo XXI y con toda la ciencia a nuestra disposición, las cosas pueden salirse de nuestro control de manera vertiginosa e impensada, teniendo como arma clave para esta amenaza, únicamente la antigua y probada tecnología de combinar el jabón con el agua.

La gran paradoja de todo esto, es que por primera vez, o después de mucho tiempo, vemos con claridad que somos todos iguales, sin importar nuestra cultura, religión, ocupación, situación financiera o qué tan famosos somos; en realidad nada de esto tiene el valor que le asignamos, pues aunque ahora queramos cambiar de país buscando nuestra salvación individual, es como estar en el Titanic y querer cambiar de camarote.

UN RESPIRO PARA LA TIERRA

Los habitantes de varias ciudades y regiones del mundo, comenzando por Asia, experimentaron un fenómeno al cual no estaban acostumbrados; al disminuir el ritmo frenético de la producción industrial y del tráfico en las carreteras y ciudades, desapareció la bruma toxica con la que convivían resignadamente, para dar lugar a cielos limpios y aire puro que no se veían desde hace décadas.

Lo propio se puede decir con la impensada recuperación de los canales de Venecia, que en poco tiempo empezaron a recobrar sus peces, que ahora se los puede ver en sus aguas que lucen cristalinas; o la recuperación y aparición de la fauna en muchos lugares donde, al retraerse la intensa actividad humana, la naturaleza volvió a ocupar su lugar, aunque sea por unas pocas semanas.

Efectivamente, en medio de esta peste de consecuencias aun incalculables para la salud y la economía, la naturaleza se convierte en un inesperado beneficiario de esta crisis que hizo que la economía se desacelere bruscamente, dejando que aparezcan por todo el mundo postales donde se puede apreciar la verdadera capacidad que tiene la naturaleza para recuperarse si es que encuentra condiciones mínimas; el grave peligro, es que este respiro podría ser sólo un corto paréntesis si no hay una toma de consciencia mundial.

UN NUEVO PACTO GLOBAL ES IMPRESCINDIBLE

Publicaciones y estudios que datan de la segunda mitad del siglo anterior como “Primavera silenciosa” de Raquel Carson “Los límites del crecimiento” de Donella H. Meadows, ya hacen clara referencia al mal uso y la sobre explotación de los recursos naturales que venimos haciendo desde hace décadas; advirtiéndonos en la segunda publicación mencionada que, si no modificamos nuestro comportamiento extractivista, alcanzaremos los limites absolutos del crecimiento en los próximos 100 años.

Desde hace tiempo que venimos recibiendo advertencias cada vez más fuertes de la naturaleza, en el sentido de que nuestras acciones son totalmente nocivas; plagas, cambio climático y pandemias como la actual, pretenden comunicarnos de la urgencia e importancia que reviste el urgente cambio de nuestros hábitos, sin embargo, hasta ahora hemos encontrado la manera de ignorarlas y seguir adelante con la mirada puesta en objetivos egoístas y materiales: trabajar, producir, consumir y destruir.

Siempre hemos tratado de ponernos de acuerdo entre humanos en qué es lo mejor para todos, dejando de lado las necesidades mínimas del resto de las especies y del planeta en su conjunto; sin embargo, si seguimos desoyendo estas advertencias, sin duda que los escenarios futuros serán de catástrofe inminente, amenazando directamente el confort y el estilo de vida al que nos hemos acostumbrado.

Líderes con mucha estética verbal, pero con muy poca ética real, han sido capaces de convencernos que el mejor camino para todos es la acumulación y el “crecimiento ilimitado”, profundizando brechas de desigualdad y de inequidad que hacen que mientras a unos cuantos les sobre comida, confort y comodidades, otros miles de millones de personas se debatan en el hambre, la miseria y la muerte por falta de condiciones mínimas de subsistencia.

La conservación de la naturaleza tal vez sea una precondición del crecimiento económico, ya que el consumo futuro depende en gran medida del stock de capital natural, en este contexto, la conservación y el respeto al resto de las especies es sin ninguna duda una precondición del Desarrollo Sostenible, que une el concepto ecológico de capacidad de sustentación con los conceptos económicos de crecimiento y desarrollo.

¿VOLVER A LA NORMALIDAD?

¿Qué significa volver a la normalidad después de la mayor crisis contemporánea de la humanidad?

¿Significa retomar nuestro frenético ritmo de vida, de destrucción de hábitats, de consumo de materias primas y de generación de ingentes cantidades de desechos?

¿Significa volver a salir de nuestras casas en la mañana para retornar bien entrada la noche, olvidándonos que nuestra responsabilidad primera es con nuestra familia, con quienes, en muchos casos, hemos podido compartir un poco más fruto de esta emergencia?

Ojalá el resultado de esta crisis fuese una humanidad más humanizada, menos etnocentrista, mas empática y solidaria con nuestros congéneres que a diario se debaten por subsistir, pero también con el resto de las especies que conviven con nosotros.

 

 

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