Desde que iniciamos la divulgación ambiental en las páginas de El Chajá allá por el año 2007, hemos sido testigos de innumerables desafíos, crisis ecológicas, retrocesos y algunos éxitos en la conservación de nuestros ecosistemas. Sin embargo, en esta edición, tenemos el privilegio de narrar un hito histórico que marca un punto de inflexión para Bolivia y el mundo: la victoria sobre el fuego en el Gran Paisaje Chaco-Pantanal.
Tal como lo ha titulado recientemente la revista Nómadas en su artículo «Ñembi Guasu: El escudo indígena que abre las puertas del financiamiento climático masivo para Bolivia», lo que está sucediendo en el sur este de nuestro país es un ejemplo global. Durante cuatro años consecutivos, el Área de Conservación e Importancia Ecológica (ACIE) Ñembi Guasu ha logrado frenar el ingreso de megaincendios al territorio de la Autonomía Indígena de Charagua Iyambae.
Este triunfo no es obra de la casualidad. Es el resultado de un modelo de gestión probado que combina la gobernanza indígena y protección de su territorio, con el soporte técnico de instituciones como NATIVA. Al mantener a raya las llamas, se ha evitado la emisión de más de 20 millones de toneladas de carbono a la atmósfera, conservando de esta manera los stocks de biodiversidad en uno de los biomas más importantes de Sudamérica.
Pero la relevancia de este «escudo indígena» va más allá de lo ecológico; ha abierto una puerta financiera sin precedentes. Gracias a esta efectiva reducción de emisiones, Bolivia y la GAIOC Charagua Iyambae están articulando la Iniciativa Jurisdiccional REDD+ para acceder al estándar climático ART TREES. Este proceso, que en un cálculo conservador, proyecta movilizar alrededor de 300 millones de dólares, demuestra categóricamente que mantener el bosque en pie y prevenir los incendios es la inversión más estratégica y rentable que puede hacer el país.
A esto se suma la esperanza que nos brinda la propia naturaleza. Las áreas que sufrieron el embate del fuego entre 2019 y 2021 hoy nos enseñan el poder de la restauración. Al garantizar la protección del territorio y evitar nuevas quemas, el ecosistema chaqueño se está regenerando por sí solo, demostrando una resiliencia conmovedora.
No obstante, desde El Chajá debemos ser enfáticos en una advertencia fundamental: este modelo de conservación, reconocido como el más efectivo y de menor costo por hectárea en la región, se ha sostenido de manera casi heroica. Los recursos son escasos y el sistema está operando al límite de su capacidad ante la constante amenaza de incendios de sexta generación.
El mundo entero —desde el Foro Económico Mundial hasta The Guardian y Global Forest Watch— ya reconoce el valor de este escudo de carbono. Ahora, es el turno de que el Estado y la cooperación internacional dirijan las inversiones necesarias para sostenerlo. Hemos probado que es posible salvar al Ñembi Guasu; ahora debemos asegurar los recursos para que quienes lo protegen puedan seguir haciéndolo.
Un mapa que habla por sí mismo: mientras todo se quemaba alrededor en 2024, Ñembi Guasu permaneció libre de incendios.