El río Pilcomayo y sus zonas ribereñas conforman un espacio de gran importancia ecológica y económica para el departamento de Tarija y el Estado boliviano. Este río recorre las provincias O’Connor y Gran Chaco, actualmente Región con Autonomía, brindando agua, hábitat para numerosas especies de flora y fauna, así como abundantes recursos naturales para la subsistencia de comunidades indígenas, campesinos y poblaciones urbanas en su área de influencia. Asimismo, ofrece un importante conjunto de atractivos para el desarrollo del turismo, constituyendo un importante componente del patrimonio natural y cultural de Tarija, por su relevancia tanto en términos ambientales como en su aporte al desarrollo regional.
No obstante, la cuenca del Pilcomayo, compartida por 3 países: Bolivia, Argentina y Paraguay, ha sufrido graves impactos ambientales en las últimas décadas. Actividades como la deforestación, la expansión agrícola, la agricultura intensiva y la explotación minera y de hidrocarburos han deteriorado la biodiversidad, contaminado el agua y afectado los suelos, comprometiendo también el modo de vida de las comunidades locales. Esta situación ha generado una creciente preocupación entre diversos actores sociales, quienes han manifestado la necesidad de acciones urgentes de protección y restauración.
Sin embargo, las voces indígenas de las comunidades que han ocupado ancestralmente este territorio, en general han sido menos escuchadas por varias razones; es así que en este breve artículo se presentan algunos relatos de líderes experimentados del Pueblo Weenhayek sobre su vida y relación con el río a lo largo de su historia.
Martín Romero (Comunidad Mora Vieja)
Cuando yo tenía 8 años empecé a pescar, era el año 1938, todo era natural y no había luz (electricidad) como ahora, no había luz ni linterna, no había pan ni conocíamos harina, nada. Así fui aprendiendo a pescar con los demás, íbamos a “tijerear” al río de día y de noche, con la luz de la luna y de las estrellas, así nos enseñaron nuestros abuelos; cuando el cielo estaba limpio sin nubes ni lluvia veíamos de lejos, no necesitábamos de linterna ni nada…
En 1946 vinieron gobernadores de Buenos Aires y La Paz, también autoridades de Yacuiba, recién conocimos a mucha gente que nos preguntaba qué hacíamos y qué comíamos, vinieron a conocer nuestra cultura y cómo vivíamos…
Recién en el año 1948 hemos conocido harina y azúcar, teníamos miedo de probar, especialmente los mayores no querían comer eso; frangollo y sémola, eso sí, lo usábamos para la pesca…
Después, en el año 1967 recién llegó a Villa Montes la linterna y los mecheros, un paisano nos traía por aquí para mostrar, entonces dejamos de pescar con las estrellas y empezamos a usar el mechero…
Había gran cantidad de pescados, sábalo, boga y otras especies, en unas pozas de 20 a 30 metros de profundidad. Por delante iba el “puntero” y se metía al río hasta sacar un pescado, luego todos entrábamos al río. Así era al principio, no había camiones ni las redes de arrastre, sacábamos de 20 a 60 pescados y los llevábamos en el hombro a la casa, luego comíamos y para guardar se hacía charque, los ancianos usaban sal natural, esos terrones rojos…
Ricardo Galván (Comunidad Mora Vieja)
El Río es muy importante para nosotros, es como la madre que nos amamanta, que nos da el sustento, eso significa el río para nosotros. Años antes no conocíamos políticos, solo sobrevivíamos de la pesca. Cuando había crecida del río pillábamos surubí, grandes, con anzuelo sacábamos bagre, boga, dorado, pero ahora no hay nada; lamentablemente, ahora es una pena, no sabemos qué hacer… ¿qué pasará en el futuro? ¿qué harán los nietos que vienen?
Ahora tenemos el veneno que viene de Potosí de las empresas mineras; hicimos denuncias ante autoridades bolivianas y nada; nuestros dirigentes fueron hasta el Bañado la Estrella (Argentina) pero tampoco hubo respuesta. También hicimos reunión con la Trinacional (Comisión del Río Pilcomayo), pero no se logró nada, los cancilleres (de los tres países) se cerraron y solo aprobaron un cupo de víveres por un tiempo, cuando hubo una emergencia por la contaminación y la pérdida del pescado…
Dicen que hay compuertas aguas abajo que a veces se abren, pero los peces se mueren; dicen que hay kilómetros donde se expande el agua y hay tierras que ocupan grandes agricultores, porque los tres países (Bolivia, Argentina y Paraguay) han hecho convenios y eso nos dificulta la pesca.
¿Qué hacemos? Ya hemos hecho demanda y denuncias a la trinacional, pero nada hasta ahora. Se maneja mucha plata, millones de dólares, pero aquí no llega ni un poco…
Ese es el problema del río y de la pesca, por eso no migran los pescaditos… Cuando hay crecida recién migra; cuando se baja el caudal no puede subir, porque hay escalinatas como cataratas; entonces los pescados grandes no suben, algunitos suben, los chicos. Eso nos perjudica, ¿no? Porque nos están dañando el patrimonio, es como dicen algunos, parece que el Río se está muriendo, ¿verdad?
Rodrigo Segundo (Comunidad Crevaux)
Cuentan los ancianos que antes los discriminaban y les decían de todo, porque llevaban pescado a la ciudad (Villa Montes) y nadie quería acercarse por el olor…
Cuando llegaba la época de pescado duraba 5 a 6 meses, luego de eso se iban al campo a cazar animales de monte como corzuela, iguana y otros, para tener sustento para las familias.
Antes se vivía de la pesca y se ahorraba dinero para cubrir las necesidades del resto del año; algunas familias llegaban a ahorrar de 3.000 hasta 5.000 bs., pero ahora no llegan ni a 1.000 bs. o algunos peor apenas a 500 bs., porque los que vienen a comprar el pescado (los camioneros) ponen el precio del pescado, a veces pagan 2bs. y a veces hasta 50 ctvs. por pescado; además, las cosas están muy caras ahora y ya no alcanza para sustentar a la familia.
Como indígenas tenemos como único sustento de nuestras familias el Río Pilcomayo, es la única fuente para paliar nuestras necesidades… entonces esta situación que está pasando la gente es muy grave.
En esta situación, sentimos que estamos olvidados por las autoridades locales que deberían velar por las comunidades y hacerle llegar algo de apoyo al Pueblo Weenhayek. Nosotros también somos parte del Estado y tenemos derecho a recibir las regalías del gas, no puede ser que nos dejen abandonados…
Es muy triste escuchar a nuestros ancianos la crisis en la que estamos ahora, ya no es como antes, antes se vivía bien, antes el pueblo se alimentaba bien, solo vivíamos de la pesca, no había otros productos; en ese entonces no se conocía la política, cuando llegaron los políticos nos dividieron, nos condicionaron para recibir la ayudar. Pese a todo, nosotros nos mantenemos unidos como pueblo, porque compartimos el territorio, nuestro idioma y nuestra identidad cultural.