Bajo el lema “Hacia un financiamiento climático con identidad territorial y justicia ambiental Bolivia 2025” los días 28 y 29 de julio, Santa Cruz de la Sierra fue escenario del 1er Foro Nacional de Finanzas Sostenibles, un encuentro que reunió a más de 160 voces: desde autoridades y pueblos indígenas hasta la cooperación internacional, la banca de desarrollo, la academia y la sociedad civil. Fue un mosaico diverso que reflejó la urgencia y, al mismo tiempo, la esperanza de avanzar hacia un nuevo capítulo de la política climática del país.
Entre las instituciones participantes estuvo nuestra Organización NATIVA – Naturaleza Tierra y Vida, que aportó con su experiencia en la gestión integral del territorio y la conservación de ecosistemas estratégicos en el Gran Paisaje Chaco Pantanal. La presencia de NATIVA subrayó la importancia de que las finanzas sostenibles no se queden en los papeles, sino que se vinculen con iniciativas concretas que nacen desde el territorio.
¿Qué se busca con este Foro?
La verdad es que el foro no fue un evento más. Se pensó como un punto de inflexión: diseñar una hoja de ruta nacional de financiamiento climático que no solo hable de cifras y proyectos, sino que responda a realidades locales, respete identidades culturales y garantice justicia ambiental. En otras palabras, dar forma a un sistema que combine lo técnico con lo humano.
Durante la inauguración, el ministro Álvaro Ruiz lanzó el programa “Nuestra Gran Casa Verde”, una apuesta que se sostiene en tres pilares muy concretos: prevención de incendios, reforestación y acceso a fondos climáticos. Además, se anunció el Registro Nacional de Programas y Proyectos (RENAPP), una herramienta pensada para ordenar y transparentar iniciativas ambientales que buscan financiamiento.
Avances que inspiran y ejemplos que enseñan
Bolivia ya empieza a dar pasos firmes. El Banco de Desarrollo Productivo (BDP) presentó sus avances con bonos verdes y temáticos, mientras que en el foro se discutieron alternativas innovadoras como los canjes de deuda por naturaleza, pagos por resultados y mecanismos bajo el Artículo 6 del Acuerdo de París.
Uno de los ejemplos más comentados fue el primer proyecto REDD+ en Charagua Iyambae, impulsado dentro de la Coalición LEAF. Allí, donde las comunidades guaraníes participan de forma activa en la protección de 6,4 millones de hectáreas de bosque chaqueño. Y es que este proyecto es más que un mecanismo de reducción de emisiones: es un símbolo del potencial de Bolivia para movilizar financiamiento climático con identidad territorial, aunque también deja en evidencia los retos de gobernanza y distribución justa de beneficios (como condiciones habilitantes).
No faltó el llamado del PNUD, que recordó que las finanzas sostenibles representan para Bolivia una “ventana de oportunidad sin precedentes”. Una oportunidad para unir crecimiento económico con respeto ambiental, inclusión social e identidad cultural. Pero para lograrlo, advirtió, hacen falta marcos normativos sólidos, sistemas de monitoreo confiables y una taxonomía verde nacional que dé coherencia y credibilidad al camino.
Retos que no se pueden ignorar.
Claro que no todo está resuelto. Entre los principales desafíos aparecen:
Institucionales y regulatorios, porque sin reglas claras es difícil consolidar mecanismos financieros.
De gobernanza, donde la participación real de los pueblos indígenas y comunidades locales sigue siendo crucial.
De acceso a financiamiento internacional, ya que se requiere cumplir exigencias de transparencia, monitoreo y salvaguardas.
De articulación multisectorial, porque agua, bosques, agricultura, energía e industria deben dejar de caminar separados y unirse bajo una visión común de acción climática.
Un paso que puede marcar la diferencia
Al cerrar el foro, la sensación fue clara: Bolivia está en un momento decisivo. Lo que se discutió estos días podría ser el inicio de una transición hacia una economía verde, resiliente e inclusiva, en la que la cooperación internacional, la innovación financiera y la justicia ambiental se encuentren para responder a la crisis climática.
Más allá de los discursos, queda un mensaje fuerte: Bolivia tiene todo para convertirse en referente regional en financiamiento climático. Pero el verdadero desafío será convertir los acuerdos en acciones, y asegurar que cada paso tenga identidad territorial y se traduzca en beneficios palpables para las comunidades y la naturaleza que nos sostiene.
En este camino y paralelo a lo discutido en el foro, la Fundación NATIVA impulsa desde su Programa Clima y Vida la construcción de Planes de Adaptación al Cambio Climático (PACC) territoriales, utilizando la herramienta SICCLIMA como soporte técnico para sistematizar información y orientar decisiones. Estos planes, una vez aprobados legalmente, no solo fortalecen la gestión ambiental local frente a los efectos del cambio climático, sino que también abren la posibilidad de acceder a mecanismos de financiamiento climático, enlazando la acción diaria de las comunidades con las oportunidades globales. Y es que, al final, el futuro climático de Bolivia empieza a escribirse desde sus propios territorios, con la fuerza de quienes los habitan y los defienden.