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Actualización 2017 de la evaluación ecorregional del Gran Chaco americano

El 2005, The Nature Conservancy y otros socios realizaron la evaluación Ecorregional de Gran Chaco Americano. Entre otros resultados se destaca la identificación de un conjunto de 38 áreas prioritarias para la conservación, como resultado de un proceso de análisis del conjunto de la biodiversidad existente. Nativa junto a los socios de Redes Chaco impulsaron la actualización de la Evaluación Ecorregional 2005-2017, principalmente para analizar los cambios ocurridos durante este periodo en el estado de la biodiversidad; tomando como un indicador principal la superficie transformada con fines productivos dentro de las 38 áreas prioritarias.

Los resultados muestran que todas las áreas prioritarias del 2005, fueron transformadas en alguna medida; como parte del proceso general de expansión productiva que implica a la Ecorregión del Gran Chaco Americano, que registra tasas elevadas de transformación de bosques nativos. Según los datos de Guyrá Paraguay (http://guyra.org.py/informe-deforestacion/), en el periodo 2010 – 2017 se transformaron en toda la ecorregión 3.245.072 hectáreas. La única fuente que cubre todo el periodo entre 2005-2017 es Global ForestWatch (https://www.globalforestwatch.org) y según esos datos, fueron 9.687.770 de hectáreas de bosques, que fueron transformados en toda la Ecorregión.

Dentro de las áreas prioritarias para la conservación identificadas el 2005, las superficies transformadas en pasturas y cultivos, entre el 2002 y el 2017 se incrementaron en más de un 100%, pasando de 2.200.000 a 5.500.000 ha. De las 38 áreas prioritarias, 7 conservan más del 80% de su superficie con Bosques, es el caso de Kaa Iya (Bolivia) y Defensores del Chaco (Paraguay); 24 mantienen hoy más de 50% de superficie de bosques y otras hasta un 30%, como Pratt Gill, Teniente Enciso (Paraguay).

La pérdida de superficie de bosques nativos, implica la pérdida de biodiversidad como reducción de poblaciones de especies vegetales y de fauna, debido a la reducción del hábitat; por otro lado también afecta al mantenimiento de los servicios ecosistémicos de provisión (agua, alimentos) y de regulación climática; por ejemplo la deforestación tiene una correlación con el incremento de la salinidad en aguas subterráneas.

Frente a ese panorama, las acciones más urgentes deben estar referidas a mantener las áreas núcleo o áreas protegidas y una red de corredores de conectividad ecológica-cultural, que es otro producto de esta actualización 2018; cuya implementación requiere de la participación de actores de gestión y normativa pública territorial (Gobiernos nacionales, provinciales/departamentales, municipales), propietarios privados, pueblos indígenas, productores, ONGs y agencias de Cooperación Internacional, entre los principales.

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